LA INNOVACIÓN Y LA PROPIEDAD INDUSTRIAL “POS-COVID”: HACIA UN NUEVO PARADIGMA ECONÓMICO
08 Sep

LA INNOVACIÓN Y LA PROPIEDAD INDUSTRIAL “POS-COVID”: HACIA UN NUEVO PARADIGMA ECONÓMICO


Hace solo seis meses asistimos atónitos al surgimiento de mayor crisis sanitaria de los últimos 100 años. Muchos cambios impulsados por las necesidades derivadas de la pandemia y el uso de las nuevas tecnologías han llegado para quedarse: nuevas formas de trabajar, de innovar, de relacionarnos y de comunicarnos, y esto desde la perspectiva de la Propiedad Industrial (IP) han abierto enormes oportunidades, también desafíos. Sin suficiente tiempo para hacer balance, hoy ya nos encontramos inmersos en plena segunda ola de la COVID-19 en un escenario que las empresas abordan ya como punto de inflexión, seguramente el más importante de sus trayectorias con muchos interrogantes, pero también con alguna certeza: la innovación se ha demostrado la vía más eficaz para mantener el crecimiento y la solución de nuestros principales desafíos como sociedad.

El primero y más urgente desafío a nivel mundial, también para la IP, fue el relativo a controlar la crisis de salud pública mediante la obtención de vacunas, tratamientos, sistemas de prevención o curas seguras y accesibles para toda la población, y en concreto en España. Tanto entidades públicas como empresas se han focalizado en tiempo récord en apoyar la innovación y la transferencia de tecnología para lograr resultados efectivos, amortiguando así el impacto de la pandemia en la salud de los ciudadanos con los recursos e instrumentos jurídicos que la IP pone a su disposición. Este contexto tan exigente evidencia que para innovar tenemos que llegar al lanzamiento o a la aplicación de los resultados. No nos vale con disponer de esperanzadores resultados en los laboratorios. Tenemos que conseguir un modelo eficaz de transferencia de estas invenciones a los ciudadanos. Para ello será primordial apoyarnos en las herramientas que nos proporciona la gestión de la IP.

Fruto de ese esfuerzo, este verano constatamos la presencia de algunos rayos de luz que ya atisbábamos en nuestra actividad diaria en PONS IP. Por fin abandonamos el suelo estadístico en el que se encontraban las patentes solicitadas desde nuestro país, una tendencia que se ha mantenido tras el fin del Estado de Alarma. También hemos percibido cambios tangibles en la actitud, la definición de objetivos y el alcance de los proyectos de innovación de las empresas españolas.

En nuestra opinión, y aunque los desafíos a los que nos enfrentamos siguen siendo enormes, éstas son algunas de las razones objetivas por las que nos sentimos moderadamente optimistas ante la etapa que ya estamos atravesando en la transición hacia la “nueva realidad”:

  • La estadística. Como apuntamos antes, las Oficinas de registro de Patentes y Marcas a nivel nacional e internacional constatan el crecimiento del número de patentes, diseños industriales e incluso marcas tanto en España como en el mundo, lo que solo puede significar un aumento de la actividad empresarial de carácter innovador a nivel local y global. Por primera vez desde 2008, vemos posible que este complicado 2020 finalice con un esperanzador primer crecimiento interanual en las solicitudes de patentes desde la última gran crisis económica en España. Este es siempre un buen punto de partida. Se confirma que en las situaciones más exigentes se agudiza el ingenio creativo. Ahora toca poner los medios para que estas nuevas ideas se transformen en innovaciones.
  • Desarrollo de tecnología. La COVID-19 ha empujado la capacidad transformadora y la digitalización de las empresas basada en nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, el Big Data, la robotización, la impresión 3D, las redes 5G, la biometría o el internet de las cosas. La inversión en I+D para el desarrollo de soluciones digitales está provocando un aumento sin precedentes de la innovación en las empresas, con resultados tangibles en mejora de procesos, productividad y ventas.
  • La urgencia del cambio. En un clarísimo ejemplo de cómo hacer de la necesidad virtud, las empresas e instituciones están siendo conscientes de la dimensión del reto y la urgencia del cambio. El parón económico llegó de repente y la movilización récord de inversiones desde el ámbito privado y público deberá servir para amortiguar el impacto de la crisis económica y, ojalá, cambiar el modelo productivo.
  • El espíritu de colaboración. Nunca en la historia reciente de España se ha percibido -y constatado- un nivel de colaboración público-privada tan alto como el que hoy tenemos, ni se ha innovado tanto para lograr un objetivo común: derrotar a la COVID-19. Las líneas de colaboración abiertas durante la crisis sanitaria han dado muy buenos resultados y con la salida de la crisis estamos convencidos de que esos lazos de unión se mantendrán en el tiempo para futuros proyectos.
  • Los fondos disponibles. El Gobierno de España anunció en julio el lanzamiento de un Plan de Choque para impulsar la Ciencia y la Innovación con 1.056 millones de euros a los que se sumarán otros 508 millones de euros en condiciones ventajosas para empresas innovadoras a través de nuevos instrumentos. Aunque no es el único modo, la I+D es la mejor forma de llegar a las innovaciones de mayor impacto. Sin financiación no hay I+D, sin I+D no hay buenas innovaciones, y sin innovaciones, no hay futuro. A la espera de ver cómo se concretan los 17 puntos del Plan, parece un buen punto de partida para seguir impulsando la actividad innovadora en España, aunque sigamos lejos del 2% de inversión en I+D sobre el PIB y el gasto en I+D del sector empresarial en España ascienda tan solo a la mitad de la media de la Unión, especialmente en el caso de las grandes empresas. También está a punto de tomar forma el programa de I+D Horizon Europe 2021-2027, del que España parte con mucha experiencia y éxitos probados, siendo en el Programa anterior, Horizon 2020, según datos recientes del CDTI, el cuarto país europeo por el importe de los fondos recibidos y el primero en liderazgo de proyectos de I+D+I en colaboración.
  • La revolución verde y digital. Vinculado a lo anterior y con el apoyo del mayor fondo de reconstrucción aprobado recientemente en la Unión Europea, que lleguen los 140.000 millones para España dependerá de la calidad de los proyectos presentados para abordar el desafío de la crisis climática en ciernes y la oportunidad de la digitalización para nuestra economía. Empresas, institutos de investigación y Universidad deben ir, más que nunca, unidos en el este propósito de alcance histórico en los próximos dos años y la IP jugará un papel esencial en la definición de esta calidad de los proyectos de innovación presentados.

Éstas son, en resumen, algunas de las principales razones por las que podemos pensar en positivo sobre el futuro de nuestra innovación. No olvidemos, sin embargo, que hoy sobreviene un reto mayor y es que necesitamos poner a disposición de las empresas españolas, todas las estrategias, incentivos y herramientas disponibles, para que hagan más I+D y para que puedan traducir este esfuerzo en innovaciones que ayuden a su crecimiento y, en el fondo a mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos. Hay que tener en cuenta que, en 2018, la I+D empresarial supuso un 0,71% del PIB con una tendencia creciente en los últimos cuatro años, pero esta cifra supone todavía la mitad de la media europea. La única estrategia posible de fomento de la innovación deberá velar porque esos incentivos lleguen a las empresas, siendo la propiedad industrial un canal eficaz para conducir dicha estrategia, sin olvidarnos de que las entidades públicas que forman parte del sistema de Ciencia e Innovación español tienen que seguir generando investigación básica y aplicada de altura para alimentar a sistema.

A fin de tener éxito en el objetivo de que las empresas españolas puedan recuperarse, que otras muchas empresas innovadoras puedan aparecer y que todas ellas puedan crecer, es indispensable que las alianzas entre los sectores público y privado, la transferencia de tecnología y el uso de incentivos de mercado para atraer inversiones que financien esa innovación sean una realidad para no repetir los errores del pasado. Y de nuevo es la IP la que permite generar un marco adecuado para que este deseo sea una realidad en nuestro país.

Los paradigmas, como que España es un país cuya economía no se basa en la innovación, y que hasta ahora hemos aceptado sin cuestionarlos, están para cambiarse. Ya que esta nueva perspectiva va a ser indispensable para la recuperación y el bienestar de la economía y la sociedad española, cada minuto cuenta para que nos pongamos ya a trabajar en ello.

Nuria Marcos, Directora General de PONS IP y Juan Luis Antolín, Director de Comunicación de PONS